Iniciativa de nanosatélites prevista en México

El fabricante de nanosatélites y el integrador de misiones NanoAvionics, junto con la Agencia Espacial Mexicana (AEM), tiene previsto introducir un proyecto piloto de nanosatélites para futuras misiones espaciales.

Se prevé una iniciativa de nanosatélites en México. Crédito de la foto: Ilustración del Ejército de los EE.UU.
Se prevé una iniciativa de nanosatélites en México. Crédito de la foto: Ilustración del Ejército de los EE.UU.

En colaboración con estudiantes de la Universidad Politécnica de Atlacomulco, el primer desarrollo previsto por los asociados del proyecto será un nanosatélite para el Estado de México, el estado más poblado del país, que está situado en el centro-sur de México.

La construcción del nanosatélite -el AtlaCom-1- forma parte de un proyecto piloto para establecer una infraestructura de nanosatélites para futuras misiones espaciales diseñadas y construidas por los jóvenes de México.

El proyecto, que comenzará en septiembre de 2020, es, según NanoAvionics, un testimonio de la importancia de las aplicaciones espaciales posibilitadas por los nanosatélites, que se están convirtiendo rápidamente en esenciales para las economías nacionales.

NanoAvionics es un fabricante de buses de nanosatélites e integrador de misiones. Los esfuerzos de la empresa se centran en la habilitación de las funciones críticas de los satélites y la optimización de sus costos de lanzamiento, hardware y operación, que van desde las misiones individuales hasta las constelaciones. Su equipo central de ingeniería ha llevado a cabo más de 75 misiones de satélites y proyectos comerciales con éxito durante los últimos años.

Los ingenieros de NanoAviónica compartirán su experiencia en misiones espaciales y ayudarán a los estudiantes y a la facultad de la Universidad Politécnica de Atlacomulco a desarrollar el AtlaCom-1. Los autobuses de nanosatélites multipropósito de la compañía están pre-configurados y pre-calificados, lo que permite a los equipos de la misión concentrarse en sus cargas útiles. Como resultado, dice NanoAvionics, las misiones de desarrollo tecnológico pueden producir resultados más rápidamente y las constelaciones de satélites pueden entrar en servicio comercial mucho más rápidamente.

Nanosatélites: tecnología espacial al alcance de todos

Los satélites son dispositivos electromecánicos autónomos que se diseñan, construyen y prueban para realizar misiones de interés para las sociedades. Se lanzan al espacio y se colocan a una altura sobre la superficie terrestre en las llamadas órbitas de los satélites. Pasan prácticamente por todas las regiones de nuestro planeta, lo que permite estudiar la Tierra, los fenómenos físicos, la dinámica espacial, la teledetección, etc. Muchos de nosotros estamos familiarizados con las tecnologías de los satélites, como las comunicaciones o la televisión por satélite.

Los satélites se originaron cuando la Unión Soviética, en 1957, lanzó un primer satélite artificial, el Sputnik, que demostró que era factible poner un cuerpo autónomo sobre la Tierra para realizar funciones de muchos tipos. A partir de ahí se generó una dinámica de desarrollo científico-tecnológico para diseñar, construir, probar y lanzar estos cuerpos artificiales, lo que dio lugar a toda una industria que hoy en día está plenamente consolidada.

El Sputnik era una esfera de 60 centímetros, pero hoy en día se están construyendo satélites de muchos tipos. Desde principios de los años 60, se han construido satélites relativamente pequeños que han evolucionado con el tiempo. A principios de los años 90, los satélites ya eran grandes, de varios metros de largo y con un peso de cinco o seis toneladas. Estamos hablando de grandes mecanismos con mucha capacidad de procesamiento para diversos fines.

Un ejemplo tangible de satélite es la Estación Espacial Internacional, cuyas dimensiones actuales son 109 metros de largo x 51 metros de ancho y un peso de 419.455 kilogramos, y que gira alrededor de la Tierra, lo que permite realizar un gran número de estudios y misiones espaciales y recibir a los astronautas que durante varios días e incluso meses llevan a cabo diferentes actividades científicas, tecnológicas e incluso industriales y comerciales. Otro ejemplo de un satélite relativamente grande es el Telescopio Espacial Hubble, que tiene una aplicación científica, el estudio del Universo, y que ha permitido descubrir cosas que antes eran impensables.

El número de satélites que orbitan la Tierra es enorme, lo que genera un verdadero problema porque muchos de los dispositivos que ya no funcionan se han convertido en basura espacial, están a la deriva o ocupan órbitas que ya no se utilizan.

México ha participado como usuario de satélites desde que el gobierno lanzó los satélites Morelos I y Morelos II en 1985. Luego, entre 1985 y 1992, lanzó los satélites Solidaridad. A finales de los años noventa, los satélites fueron privatizados y surgió la empresa Satmex, que siguió comprando satélites esencialmente para prestar servicios de comunicación a todo el país. Más recientemente, México compró una flota de nuevos satélites con fines de interés nacional y social, el Bicentenario y Morelos III.

La construcción de satélites es costosa, sólo los países ricos pueden comprar satélites grandes. A partir de 2002, los investigadores de la Politécnica de California propusieron que la tecnología de los satélites se hiciera más pequeña. Su propuesta era fabricar cosas mínimas, estructuras de unos pocos centímetros de largo que pesan unos pocos gramos: nanosatélites.

En 2002 y 2003 propusieron el estándar para los nanosatélites llamados cubesats, que son cubos de 10 centímetros por lado y que pesan hasta un kilogramo. En este cubo se colocan toda la electrónica y los mecanismos inteligentes que permiten las mismas funciones que un gran satélite, pero a un costo mínimo en comparación con los costos de este último.

Esta propuesta atrajo la simpatía del mundo académico y en muchas partes del mundo se empezaron a construir estos pequeños satélites, lo que ha dado lugar a misiones espaciales de muy bajo costo y que pueden realizarse sin necesidad de infraestructura y componentes costosos.

También es factible lanzar estos nanosatélites al espacio porque el lanzamiento, que es otro aspecto costoso de esta cuestión, es compartido: en un viaje al espacio no se lanza un solo satélite sino varios, porque se ensamblan paquetes de decenas e incluso cientos de satélites, lo que reduce considerablemente los costos.

Esta es la dinámica actual que está en auge en el mundo académico y que ha atraído la atención de la industria, que ahora está interesada en el diseño de misiones con nanosatélites que pueden apilarse como nanosatélites de varias unidades. En otras palabras, una unidad básica de un cubesat puede multiplicarse para formar sistemas de cinco o seis unidades, aunque es difícil tener un satélite como los grandes. Esta gama permite, con una inversión mínima, empezar a generar satélites que pueden ir al espacio más ampliamente.